El órgano de Torrehermosa

Historia del órgano

La iglesia de Torrehermosa, restaurada magníficamente en los años 1984-85 por el arquitecto Don Miguel Ángel Bordejé gracias a la Diputación de Zaragoza, alberga en su interior un órgano barroco de excepcional calidad artística, contruído por el famoso organero Juan Francisco Verdalonga, procedente de Cuenca y afincado en Guadalajara, el más activo de la familia organera de la dinastía de los Verdalongas, en la que trabaja también su padre José con sus hermanos Bernardo y José.

Los órganos que salieron de sus talleres fueron numerosos y siempre realizados con gran profesionalidad y perfección.

Podemos leer la inscripción en el arco de viento del secreto, que dice lo siguiente:

"Axpensas del Señor Excellentissimo arzobispo de Valencia Don Francisco Fabian y Fuero se costeó esta fábrica del organo y caxa y fue construido por don Gabriel Nabarro natural de la ciudad de Calatayud y se hizo en el año de 1797 siendo cura de esta villa el Señor Don Ignacio Marz natural de Fuentesalz".

Los habitantes de Torrehermosa se pueden considerar afortunados de conservar el único órgano existente en la Provincia de Zaragoza de éste extraordinario constructor, una joya que hoy y gracias a la diputación de Zaragoza ha podido recuperar su auténtico y singular esplendor enriqueciendo así el variado ámbito organístico aragonés.

No queremos olvidarnos mencionar al que fue organista y sacristán de Torrehermosa Don Adrián Checa Casado, que tocó y cuidó con gran esmero este órgano durante muchos años.

Vista del secreto del órgano/> Queremos destacar el interés que la Diputación de Zaragoza y en particular al área de Cultura y su servicio de Restauración están prestando a la ingente labor de recuperación y restauración del patrimonio de órganos históricos desde hace más de veinte años.

La provincia de Zaragoza se puede considerar pionera y ejemplar en la importantísima tarea de conservar estas auténticas joyas sonoras, valiosos testigos del patrimonio histórico aragonés, y de esta forma reactivar su uso litúrgico y artístico. Esta importante labor se ha podido llevar a cabo mediante convenios suscritos con las diócesis de Zaragoza y Tarazona y el empeño de los ayuntamientos y parroquias en recuperar el patrimonio histórico - artístico y difundir estos bienes para que los aragoneses nunca pierdan su memoria histórica y su rico pasado cultural musical.

La familia Verdalonga

En 1750 Guadalajara era el asentamiento de la familia Verdalonga, y más en concreto la Catedral de Sigüenza, donde trabajaron como sucesores de Loytegui, y sus hijos José Juan Francisco y Bernardo desarrollan su actividad artesana hasta la primera década del siglo XIX. El más conocido de todos es el hermano mayor, José, nacido en Escamilla en 1746, provincia de Guadalajara, pero perteneciente a los términos de la antígua diócesis de Cuenca.

De este grupo, tan sólo José rompe con el núcleo familiar, y al trasladar su residencia a El Escorial (Madrid), y finalmente a Toledo. En ocasiones, Bernardo colabora con Juan Francisco y con José, aunque se mantienen en los límites paternos, dentro de los cuales Juan Francisco desarrollará principalmente su actividad. En cambio, José escapó de unas fronteras un tanto estrechas y de una actividad regional que estaba en manos de sus hermanos.

Juan Francisco había dado los primeros pasos en el arte de la organería junto a su padre y su hermano Bernardo trabajando conjuntamente en 1783 en Luzón; en el órgano de Lorarca de Tajuña en 1784, en 1785 en la catedral de Sigüenza, Imón con Bernardo, y desde 1785 independientes. Sólo realiza trabajos de Alcolea del Pinar (1785), Alhóndiga (1786), Adradas (1786), Montejo de Termes, en colaboración con Bernardo (1787), Villaviciosa (1790), con toda probabilidad en el pueblo soriano de Retoritillo (1789, y en los Nepas y Utrilla (1791), en la iglesia de San Andrés de Guadalajara (1791), Ocaña (1791), Espinosa de Henares (hasta 1803), Convento de las Carmelitas en Guadalajara (1795), Medinaceli (Soria) en 1976, Torrehermosa (Zaragoza) (1976), construye el órgano de Espina de Henares (hasta 1803), Olmedo, en Valladolid (1798), Budia (1800), Yelo y Casa de Uceda (1801), Arcos de Jalón (1803), y Loranco de Tajuña de nuevo en 1803), casi todos hoy en día desaparecidos. En casi todas estas obras figura como maestro organero de Guadalajara. Llega a trabajar en Ocaña (Toledo) y hasta tierras de Valladolid, en Olmedo y adanero en Ávila.

Tubos del órgano despues de la restauración Los instrumentos de los Verdalonga creraron una estética en el órgano español, conservada con esmero por todos los miembros claves y significativos para la historia del órgano hispano.

Podemos definir el estilo de los Verdalonga como la búsqueda por alcanzar una sonoridad nueva, fiel heredera del legado barroco. El rasgo más sobresaliente es el dominio total de los juegos de lengüetería, casi todos en el exterior de la caja que en ocasiones llega a sumar casi un 30 % del total de los juegos presentes.

Los diseños de las cajas son en general con tres castillos en donde se asientan los tubos del Flautado y a veces de la Octava, siguiendo una traza de corte neoclásico, con escasos dorados, arquitectura sobria, pocos ornamentos, con frontones, coronamientos, columnas estriadas de orden corintio.

Los componentes del órgano

El mueble de este órgano está construído en estilo clásico con madera de pino natural trabajada con extraordinaria maestría artística, lo que proporciona una armonía de conjunto y un aspecto soberbio. Es un fiel representante de la organería barroca castellana de finales del siglo XVIII.

La fachada y los laterales están ricamente tallados, rematados con dos hermosos ángeles que sujetan un escudo con la siguiente inscripción: "Laudate Deum in Cordis et organo".

Partiendo de un estado de conservación bastante bueno, se realizó una minuciosa limpiezacontra un tratamiento contra la carcoma y una nutrición con productos adecuados para la conservación de la madera. Por otra parte, la mayoría de los componentes decorativos que faltaban se reconstruyeron adaptados a los ejemplos existentes.

Interior del órgano antes de la restauración La parte sonora del instrumento se compone de 997 tubos en total, el tubo más grande tiene 20 cm de diámetro y 2,80 m de largo, y el más pequeño 4 mm de diámetro y 15 mm de largo.

De toda la tubería habían desaparecido 158 tubos, que tuvieron que ser reconstruídos de manera artesanal tomando el modelo de los materiales existentes tanto en hechura como en materiales de origen para respetar la estética del conjunto y la homogeneidad sonora.

La hechura de los tubos de metal es buena y están elaborados con una aleación de 58 % de estaño y un 42 % de plomo. Desgraciadamente hubo una intervención posterior a la construcción del órgano realizada por manos no muy expertas, probablemente a finales del siglo XIX o principios del XX, que consistió en el recortamiento de casi todos los tuvos para elevar el diapasón compensando así la pérdida de aire por los fuelles defectuosos que ya no podían producir la presión necesaria.

Para recuperar el esplendor del instrumento en sus mejores tiempos fue necesario alargar todos los tubos, un trabajo muy laborioso, aparte de la restauración necesaria de cada uno de los tubos que se encontraban en un estado no demasiado bueno y que consistió en desabollar, soldar las roturas, bajar bocas posteriormente elevadas y reconstruir partes no recuperables. Así hemos podido estar seguros de que nos manteníamos fieles a la idea y concepción sonora del primitivo órgano de Verdalonga.

Vista de la parte trasera (antes de la intervención) Todas las partes mecánicas del órgano como secretos, tablones, conductos, teclado, pedalero, varillas, tirantes de los registros, correderas, etc... han sido desmontados, transportados al taller y minuciosamente limpiados y restaurados.

Todas las partes forradas de piel, como las mesas de los secretos, las válvulas, los tablones acanalados, el teclado, han sido repuestas con piel nueva de cordero para asegurar la estanqueidad absoluta de todo el conjunto.

Todas las partes desaparecidas han sido reconstruídas y adaptadas con mucho respeto hacia el estilo del conjunto tal y como lo realizó el constructor original.

Tras aproximadamente un año de trabajo, iniciamos el montaje de las miles de piezas que componían el órgano, ajustando y verificando todas ellas para conseguir un perfecto funcionamiento y con la idea de que pasase a formar parte del conjunto de órganos que en los últimos veinte años hemos venido restaurando en Zaragoza.

Vista frontal del órgano El sistema de alimentación actual se compone de un fuelle grande con pliegues paralelos y dos bombas adosadas para accionarlo manualmente y que posiblemente datan de una fecha posterior a la construcción del instrumento. Al no conservarse trazas de los fuelles de cuña que existían anteriormente y por la buena calidad del fuelle existente se ha optado por su restauración, con el resultado de un viento estable y suficiente para hacer sonar el órgano perfectamente.

La estanqueidad del fuelle existente era bastante deficiente por lo que hubo que repararlo forrando los pliegues con piel de primera calidad. Por otra parte, y para facilitar el uso del instrumento, se ha colocado un motor ventilador silencioso especialmente elaborado para órganos y que hoy en día es un requisito indispensable para no depender de una segunda persona que quiera tocar el órgano.

También se han realizado numerosas pruebas sonoras con diferentes familias de tubos hasta conseguir el timbre más adecuado a la personalidad del instrumento.

El único órgano de los Verdalongas construído en Aragón es un fiel representante de la organería ibérica y posee una sonoridad típica del arte musical que caracteriza el instrumento musical de finales del siglo XVIII. Está compuesto por dos secretos, uno para la mano izquierda y otro para la mano derecha, y posee cuatro tablones acanalados para la distribución del viento a cada uno de los tubos de grandes dimensiones, colocados en la parte delantera interior del instrumento, de los que además se han podido conservar los pies originales.

Tres de ellos son para los juegos de la impresionante tubería de la trompetería exterior y el cuarto para el Flautado Mayor, el cual forma la bella fachada del instrumento. Las cinco hileras de los Nasardos de la mano izquierda están ubicados sobre su propio secreto con un solo tirante desde el secreto principal para accionar todos juntos, lo que produce este sonido tan peculiar y otros dos secretillos elevados albergan la Corneta Magna y la Corneta de Eco. Existe además un Clarín de Eco y para la Flauta Travesera M.D. hay otro tablón acanalado.

La filosofía de restauración del órgano ha sido la conservación escrupulosa de todos sus componentes originales para conseguir acercarse lo más posible a la idea constructiva del autor. Durante todo el proceso de restauración se han podido conocer todos los detalles constructivos, se ha podido observar cada pieza del mueble, su bien elegida madera, utilizada no sólo para confeccionar el hermosísimo instrumento sino para toda su maquinaria interior, los tablones, loe secretos, mecánica de registros y un largo etcétera, partes importantísimas que nos permiten hablar de un órgano de altísima calidad.

Se han recuperado también todos los clavos antíguos, que hacen posible no sólo la estabilidad del mueble sino el buen funcionamiento del órgano, tanto para la elección y mezcla de los registros, como para el preciso y sutil manejo de las teclas. Todos estos elementos son de una gran importancia para una correcta interpretación de la música de tal y como la concibieron sus autores y que permite considerar el órgano como el rey de los intrumentos musicales.

Claudio y Christine Rainolter