Biografía de San Roque

Nació en Montpellier (Francia) en 1295, y era hijo del gobernador de la ciudad, don Juan de la Cruz, uno de los más importantes caballeros al servicio del rey aragonés Pedro I, El Grande, al otro lado de los Pirineos.

Tras vivir su infancia y juventud en un ambiente cortesano y palaciego, se quedó huérfano a los 20 años, heredando una gran fortuna. Siguiendo la parábola del evangelio, repartió sus bienes y cubierto con un burdo sayal y un sombrero de alas anchas, se puso en marcha con dirección a Roma.

Las ciudades italianas que encontró estaban diezmadas por la peste y sus hospitales llenos de apestados. San Roque se dedicó al servicio de aquellos infelices, limpiando sus llagas infectadas, sirviéndoles e impartiendo consuelo. En Roma pasó tres años pidiendo limosna y de hospital en hospital. Su fama de santo y la creencia de que curaba la peste, hicieron que acudieran a él numerosas personas de todas las clases sociales.

Sin embargo, en la ciudad de Piacenza, sintió cómo la piel se le cubría de manchas negras y rojas, así como de heridas purulentas, tomando su rostro un aspecto monstruoso. Expulsado por apestado y extranjero, se refugió en un bosque. Aquí la leyenda dice que para que saciara su sed le brotó una fuente a sus pies y que un perro se le acercaba por las mañanas con un pedazo de pan en la boca, lamiéndole las heridas.

imagen de San Roque Otra leyenda cuenta que un perro de una casa importante de la ciudad empezó a tomar cada día un pan de la mesa de su amo e irse al bosque a llevárselo a Roque. Después de varios días de repetirse el hecho, al dueño le entró curiosidad, y siguió los pasos del perro, hasta que encontró al pobre llaguiento, en el bosque. Entonces se llevó a Roque a su casa y lo curó de sus llagas y enfermedades.

Curado de la peste, volvió a Montpellier por entonces en guerra sin que nadie le reconociera, y siendo tomado por espía, se le encerró en la cárcel donde moriría cinco años después en 1378. Mientras estuvo en presidio, se cuenta que pasaba el tiempo consolando a los demás prisioneros y ofreciendo sus penas y humillaciones por la salvación de todas sus almas.

Un 15 de agosto, del año 1378, fiesta de la Asunción de la Virgen Santísima, murió como un santo. Al prepararlo para echarlo al ataúd descubrieron en su pecho una señal de la cruz que su padre le había trazado de pequeñito y se dieron cuenta de que era hijo del que había sido gobernador de la ciudad.

Su fama de protector contra la peste se extendió enseguida por Europa siendo canonizado y fijándose el día 16 de agosto como su festividad.

En la Baja Edad Media, en que tan terribles fueron los estragos de la peste negra, su devoción se extendió por Bizkaia, en donde proliferaron las ermitas dedicadas a él. Sin embargo, la acogida fue mayor en puertos mercantiles como Bilbao o Portugalete, con mayores posibilidades de contagio y que además se encontraban en el Camino de Santiago, por donde llegaban peregrinos entre los que era muy popular y que traían noticias de sus milagros.

imagen de San Roque Descubierto después como noble, algo después de su muerte, por causa de un documento que hallaron en su poder, fue honrado con grandes y solemnes funerales. Muchos milagros atestiguaron su santidad.

En 1414 la peste llegó a la ciudad; los padres del Concilio ordenaron plegarias y procesiones en honor al Santo y la peste desapareció. Sus reliquias fueron llevadas a Venecia donde todavía se veneran; afirman que perteneció a la Orden Tercera del Padre San Francisco.

San Roque es típicamente representado con su bastón y sombrero de peregrino, señalando con la mano una de sus llagas y con su perro al lado, ofreciéndole el pan.